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Dolor crónico Psicólogos Bilbao Piztu

La relación entre el dolor crónico y la depresión

Escrito por Gabriela Ugarritza 09/06/2026

Hablar de dolor crónico no es solo hablar de molestias físicas. Los pacientes de dolor crónico o persistente tienen que convivir cada día con limitaciones, incertidumbre y cambios importantes en su rutina y su calidad de vida.

 

Además de como nos puede afectar a nivel físico, hay otro aspecto que no podemos olvidar: su influencia en la salud mental. Entender que nuestro cuerpo y nuestra mente son una unión irrompible nos ayuda a ver el problema de una forma más completa y humana. Porque el dolor no solo está en el cuerpo, también está en cómo pensamos, sentimos y afrontamos la vida.

 

 

El dolor crónico va más allá de lo físico

 

Llamamos dolor crónico a aquel que dura seis meses o más. Después de tanto tiempo, el dolor deja de ser un “síntoma” de la enfermedad y se convierte en un problema en sí mismo. En consecuencia, nuestro cuerpo y nuestra mente deben adaptarse para convivir con ese malestar constante.

 

Vivir con dolor crónico puede afectar a muchos aspectos de nuestra vida. Poco a poco, empezamos a funcionar alrededor del dolor y dejando de lado la vida que teníamos. 

 

Otro factor que influye en la aparición del malestar emocional son los factores sociales: la falta de comprensión del entorno, las dificultades laborales, sentirse sin energía o motivación para tareas diarias o pasatiempos… todo esto puede aumentar todavía más el malestar. 

 

Tampoco podemos olvidarnos de los factores individuales: las limitaciones que ha traído, como de activos podemos mantenernos, si nos permite sentirnos realizados en nuestro día a día…

 

 

La pescadilla que se muerde la cola

 

La relación entre dolor crónico y depresión es bidireccional. Por un lado, convivir con un dolor constante genera mucho malestar emocional. Y a su vez, la depresión también altera nuestra forma de ver el mundo, por lo que puede hacernos sentir el dolor con más intensidad o hacernos creer que no tenemos herramientas para aguantarlo.  

 

Cabe mencionar que, no todas las personas con dolor crónico desarrollan depresión; cada caso es diferente. No obstante, es importante entender que, cuando se vive con una condición crónica, debemos prestar especial importancia a nuestra salud mental y entender que es normal tener dificultades.

 

 

Conozcamos a Marta para entenderlo mejor:

 

Marta, de 38 años, tiene un dolor crónico en la lumbar a causa de complicaciones en una operación que le realizaron hace 4 años. Al principio le dijeron que el dolor iría disminuyendo, que era cosa de los primeros días. Aunque el dolor era insoportable, Marta aguantó, esperando que el dolor desapareciera. Había días que se encontraba mejor, pero otros, seguía doliéndole tanto que sentía que le superaba.

 

Pasaron las semanas, luego los meses y el dolor de Marta no se iba. Probaba diferentes tratamientos y, aunque algunos funcionaban parcialmente, el dolor nunca terminaba de irse del todo. Poco a poco, el ánimo de Marta fue decayendo.

 

Ya no le apetecía salir con sus amigas, había dejado de lado el baile (su actividad favorita), no realizaba tareas del hogar, apenas se levantaba de la cama… hasta que, un año después, le diagnosticaron depresión. Marta decidió acudir al psicólogo para recibir ayuda. 

 

 

Lo primero en lo que hicimos hincapié con Marta fue en entender qué es la depresión y por qué no hay que culparse ni rechazar lo que sentimos, además de normalizar sentirse así teniendo una condición crónica difícil.

 

Después, empezamos a repasar su día a día para ver cómo introducir pequeños cambios, como, por ejemplo, intentar pensar en cada día como uno solo: “no por llevar dos días con dolor hoy también va a tener que ser igual”. 

 

Las mañanas eran el peor momento para Marta, ya que, estar muchas horas en la misma postura (como cuando se duerme) hace que le duela más. Por eso, entrenamos técnicas de respiración para controlar el estrés. El dolor siempre tiene un componente emocional, por lo que respirar ayuda a no agobiarse por el dolor ni a aumentar de manera inconsciente la sensación que siente. 

 

Las tareas cotidianas son difíciles, por lo que creamos un plan con objetivos adaptado a diferentes niveles de dolor para ver qué puede hacer cada día. Por ejemplo, los días de menos dolor puede cocinar algo que le guste o lavarse el pelo, pero los días de mucho dolor es posible que necesite reposar y no realizar tareas. De esta forma, la rutina se adapta al estado físico y emocional de Marta y no al revés. 

 

 

Dolor crónico Psicólogos Bilbao Piztu

 

 

Como tiene una incapacidad, no puede trabajar, pero eso no significa que no pueda realizar tareas que le hagan sentirse realizada. Buscamos actividades adaptadas a sus gustos y necesidades. De esta forma, Marta decide empezar a pintar (tarea que puede hacer desde la cama si es necesario) y dedicar un rato a un pasatiempo que le gusta y que le ayuda a sentirse mejor los días que mejor se sienta. 

 

Exploramos la parte social y vimos que Marta era una mujer muy sociable, pero que lo dejo de lado hace tiempo. De momento, para ir recuperándolo poco a poco, va a intentar salir a tomar un café con sus amigas dos veces al mes y, en caso de que se encuentre mejor, esta frecuencia podrá ampliarse en el futuro. 

 

También le damos un lugar a la frustración, rabia y tristeza que esta situación le genera. Ha tenido que dejar muchos planes y expectativas de lado, ha tenido que abandonar sueños y ha tenido que aceptar una realidad que no le gusta. Juntas, en terapia, navegamos por todas estas emociones, aprendiendo a convivir con ellas y a darles su espacio. 

 

A medida que pasan las semanas, Marta va encontrándose mejor. Aún hay días malos, hay días de mucho dolor donde es difícil sentirse motivada, pero también hay días donde se encuentra un poco mejor. Queda más con sus amigas, recibe más visitas de su familia, está avanzando mucho con sus clases de pintura (a veces presencial a veces online, depende del día) e incluso ha decidido ir a ver varios recitales de baile. Marta, poco a poco esta mejor, y, aunque sabe que el dolor no va a desaparecer, ya no se encuentra tan triste como hace unos meses.  

 

¿Qué puede ayudarme a mí?

 

Ante una situación de dolor crónico, lo más útil suele ser un enfoque multidisciplinar. Centrarse solo en el dolor físico puede no ser suficiente, pero centrarse únicamente en lo emocional, tampoco. Como hemos dicho al principio, nuestro cuerpo y nuestra mente son una unión irrompible y así deberíamos abordar esta situación. Ambas áreas se retroalimentan y necesitan trabajarse al mismo tiempo.

 

Algunas estrategias que pueden ayudar son:

 

1. Encontrar tu tratamiento individualizado

 

Un tratamiento integral combinando atención médica (con medicación en caso de ser necesario) y apoyo psicológico. Debemos entender que el cuerpo es un “todo” y que no podemos tratarlo como partes independientes.

 

2. Mantenernos activos

 

Hacer ejercicio, dibujar, leer, hacer puzles… son algunas de las actividades que debemos tratar de realizar para mantener espacios de calma y bienestar. Lo importante es encontrar un ritmo sostenible, que se adapte a nuestra necesidad, pero que disfrutemos haciendo.

 

3. Asegurarnos descansar en la medida de lo posible

 

Dormir bien influye mucho en cómo nos encontramos, cómo se percibe el dolor y en nuestra capacidad para regular lo que sentimos. Además, ayuda a mantener a nuestro cerebro sano y a nuestro cuerpo enérgico. 

 

4. Aprender a manejar nuestras emociones

 

Entrenando técnicas que nos ayuden a gestionar el malestar asociado a nuestra condición; entendiendo que es normal que no nos guste nuestra situación y que sea difícil, pero tratar de adaptarnos lo mejor posible a nuestra nueva normalidad.

 

5. No aislarnos

 

Mantener el contacto con nuestra comunidad, nuestra familia, amigos, pareja… nos puede ayudar a sentirnos apoyados y escuchados. También es muy recomendable buscar gente con condiciones medicas similares que entiendan la situación, como es el caso de los grupos de apoyo o las asociaciones.

 

 

En conclusión 

 

Debemos entender que convivir con dolor crónico no es fácil. Se presentarán muchas dificultades, se vivirán momentos duros y habrá pensamientos de tirar la toalla. Pero no debemos olvidar que no significa que haya que dejar de vivir. 

 

Es importante trabajar en nosotros mismos para darnos la mayor calidad de vida posible, adaptarnos a quienes somos ahora y a quienes queremos ser, para encontrar la felicidad en nuestra condición. 

 

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